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domingo, 24 de mayo de 2015

The Blackwater Fever- The Depths (Blues/Rock)- 2013

Ya es oscuro allí fuera, bebiendo solo whisky en la barra de algún tugurio alejado de la mano de dios, donde el aire esta cargado al humo del tabaco, donde en la escena está ambientada con los ruidos de los demás parroquianos del lugar que juegan a los dardos y el billar. Esta y muchas más historias de perdedores, esa esencia de la música maldita del blues es lo que nos traen este trio australiano con su tercer disco "The Depths".



Y es que estos "The Blackwater Fever", apadrinados para nada más y nada menos que nos "Black Keys", nos traen su fórmula que les está funcionando tan bien, donde los cimientos son el Blues clásico aliñado con la psicodélia y esos sonidos que recuerdan tanto al grunge, aun que tan solo hay que escuchar esa voz aspera que recuerda a un tal Kurt Cobain.

Canciones oscuras, que entran te atrapan con tanta facilidad, de las que no quieres escapar. "When the Night Comes" es una buena muestra, elegida para abrir el disco. El disco tiene 14 temas, en las que nos encontramos verdaderas perlas. "Can't Help Yourself" donde la guitarra hace un papel perfecto cojiendo un papel protagonista, que se va turnando con el resto de instrumentos de los diferentes cortes. Donde nos van mostrando diferentes caras, "Don't Fuck with Joe" sería su faceta más canalla, donde esa voz alcanza su mejor momento, donde todo gira, donde no puedes evitar la sonrisa.

Canciones con personalidad que evolucionan, mientras van sonando, "Seven White Horses" otro de los temas destacados para mi gusto, que camina a su ritmo lento y contundente. El bajo hace un papel increíble durante todo el disco, dándole esa atmósfera más densa. Solo tienes que dejarte llevar por el single "Won't Cry over You" la canción perfecta, donde se juntan los olores del pasado con esa psicodélia que tanto nos encandila.

También hay espacio para temas instrumentales como "Rat Eyes" o "Tide Rider", en los que cerrar los ojos y moverte al son de las notas que se deslizan suavemente por el aire.

En resumen, un disco donde la experimentación nos da este regalo, donde la facilidad con la que transmiten es su mejor aliada. Donde hay que tener la mente abierta, y disfrutar. "The Depths" no tiene pérdida.


Autor reseña: Jorge Bielba.

jueves, 25 de diciembre de 2014

Kylesa- Spiral Shadow (Sludge)- 2010

Si hay un movimiento que me tiene enamorado, y para darse cuenta de ellos solo hay que ver algunas de las reseñas antiguas de esta humilde abadía, es la pegada de Sludge que se hace en América y muy concretamente por la zona de Savannah. Donde comandados por Mastodon, pero de donde han salido increíbles grupos como Baroness, Black Tusk de los que ya hablaremos proximamente, y estos imprescindibles Kylesa, que aun que este no es su disco más agresivo, para mi gusto es donde juntan todas sus esencias, con toques del punk y la psicodelia que usan y que tanto nos gusta. Hay que prepararse para estos laberintos sonoros que construirán ante nuestras narices y de los que la adicción hará que nos sea muy difícil salir de allí.


Poco a poco, mientras iban avanzando en sus discos, el sonido y la producción mejoraba a grandes pasos. La esencia de su música se pulía y vaya maravilla que nos encontramos en este disco. Donde los juegos enredados de las dos guitarras, y el uso que les caracteriza de tener dos baterías, y como no también dos voces, la dulce voz femenina y su antónima, la agónica voz masculina. Con su filosofía clara, de temas cortos y pegadizos que te golpean y se te pegan a la piel. Donde las melodías y ritmos con ese aroma a rock de bar, ambientes cargados y el amor puro de tocar en directo, lo cual tiene que ser una puta gozada.

Y es que solo me hizo falta oír el primer tema "Tired Climb", para saber que me escucharía todo el disco. Con ese cambio de calma a una estampida de rinocerontes. Un disco en el que las canciones parecen sencillas y directas, pero que solo hay que fijarse un poco para ver la cantidad de trabajo y detalles que se esconden en ellas, sino mira "Drop Out" o "Distance Closing in".

Y es que me dejo hipnotizar por la voz de Laura en "To Forget", o perderme entre las redes de las guitarras de "Cheating Synergy", cerrar los ojos y disfrutar, de las que más me gustaron de primeras. Cortes más Punk y sucios como "Back and Forth", hasta perlas como la instrumentación de en medio de "Crowded Road", que si se tubiera que definir con una palabra, sería ¿exótica?, mejor que cada uno lo descubra por si mismo.

Pero sin duda, si hay una canción que más me ha gustado es la que le da nombre al disco, "Spiral Shadow", donde se junta y se siente perfectamente el más puro Kylesa, distorsión y psicodelía. Cierran el disco muy bien, con algo más personal e intimista "Dust", que trae la calma al ambiente hasta que llega el silencio.

Muy buen movimiento el que hay de Sludge en América, y del que Kylesa tiene mucho que ver. Música directa, pegadiza y trallera, yo la verdad es que no puedo pedir nada más. Espero que os guste la mitad de lo que a mi.



Autor reseña: Jorge Bielba.

martes, 11 de noviembre de 2014

Supertramp – Supertramp (Progressive Rock) –1970


Si pensamos en grupos clásicos de rock, especialmente de los 70 y 80, Supertramp es, sin duda, uno de los más conocidos. Ya sea por “Dreamer”, “It’s Raining Again” o “The Logical Song”, entre muchas otras, Supertramp ha sido (y es) un grupo muy influyente. Su mezcla de rock clásico y estructuras progresivas, con un toque más accesible y luminoso que otros grupos similares, hacen de Supertramp uno de los grupos más conocidos y queridos dentro del panorama rockero.

Sin embargo, precisamente la grandeza y éxito de muchos de sus discos ha eclipsado a otros más discretos. Este es el caso de Supertramp, primer y homónimo disco del grupo: el gran desconocido. Y no es que sea más flojo que sus sucesoreso se le noten más costuras. El hecho es que este trabajo es bastante diferente de los siguientes, pues aquí encontramos un disco muy progresivo y oscuro, digno de Pink Floyd o King Crimson. Es comprensible que, dada la mayor comerciabilidad de su etapa de oro, este disco fuera considerado como un experimento fallido, una probatura en busca de un sonido contundente, o ambas cosas a la vez.



El disco empieza con una versión reducida de “Surely”, una balada de guitarra de poco más de medio minuto de duración con la suave y dulce voz de Roger Hodgson. Sin embargo, la recordaremos más tarde, pues la última canción del disco es la versión completa, que da un final épico y alegre a esta experiencia sonora. Tras la primera versión, nos metemos de lleno con “It’s a Long Road” y “And I Am Not Like Other Birds of Prey”, dos cortes de rock clásico que bien podrían estar incluidos en Crime of the Century sin distinguirse del resto, de no ser porque contienen estructuras más complejas y un sonido más serio. 

Especial mención merece “Words Unspoken”, cuya letra es todo un poema que, aderezada con la cadencia hipnótica marcada por la batería, te transporta a otro mundo. Sensacional el arreglo de guitarra que ayuda aún más a perderse entre las palabras nunca pronunciadas.

“Maybe I’m Beggar” es una canción puramente progresiva cuyo resultado es tan bueno que, de pertenecer a otro grupo,bien podría haber sido todo un clásico. Empieza tranquila, prácticamente a capella, y poco a poco va aumentando el ritmo a medida que se unen más instrumentos. Finalmente, con el solo de guitarra, los ánimos acaban de encenderse y llega el desenfreno con el juego entre el sintetizador y la guitarra. En “Nothing to Show” encontramos la canción más hard rockera del disco, con un ritmo y una fuerza implacables que desde el principio te hacen mover el esqueleto.

Y así llegamos a la joya de la corona, para mí, personalmente, la mejor canción del disco: “Try Again”. Sus doce minutos de duración son una montaña rusa de emociones, con cambios suaves y bruscos, si no desconcertantes. Se inicia con el sonido misterioso de un flageolet (similar a la flauta travesera) apoyada por el sintetizador y una voz, suave y casi susurrante, que sigue la línea melódica. Tras el estribillo, un golpe de autoridad de guitarra y batería muestran la potencia latente de la canción. Algo se está cociendo por dentro. Cuando vuelve el estribillo, más animado, no hay duda de que estallará un vendaval de rock duro y frenético. Gatillazo. Eso es lo que sucede cuando, contra todo pronóstico, sólo se escucha a la guitarra frenándonos en seco. Pero merece la pena. Y es que la parte instrumental que sigue a este coitus interruptus es la definición perfecta de música progresiva: no encontraremos lo mejor en técnica o complejidad, pero la progresión de intensidad de 0 a 100 es tan perfecta que quitar una sola nota dañaría considerablemente todo el conjunto. Nunca mejor dicho, el conjunto es mucho más que la suma de las partes. Cual veneno entra por los oídos y, sin que te des cuenta, se extiende por todo tu cuerpo y te obliga a moverte de forma involuntaria, en sacudidas de locura desatada, justo lo que necesitábamos. Tras el clímax vuelve una cierta calma y vuelve el estribillo, que vuelve a animarse. Y de pronto, silencio absoluto. Estupor absoluto hasta que se oye un conjunto de sonidos inconexos como de pruebas de sonido antes de un ensayo. Finalmente conectan las ideas, se vuelve a animar la canción, y por fin, el estribillo desata toda la fuerza esperada y finalmente anuncia el final de este viaje musical inolvidable.

A cada personale gustará más o menos este disco, pero es innegablela calidad que desprende, especialmente si consideramos que se trata de su primer disco. Cualquier grupo de este estilo firmaría estrenarse de esta forma. No me extrañaría que fuera uno de los discos más infravalorados de la historia, pues ha sido completamente eclipsado por todo el éxito posterior del grupo. Permitidme que os recomiende tomar quince minutos de vuestro tiempo y lo empleéis en disfrutar de “Try Again” en todo su esplendor. Dedicad doce de ellos a la canción en sí, cerrad los ojos, dejaos llevar por ella y, por favor, no tengáis prisa, no miréis el reloj y estropeéis su magia.Ya emplearéis los tres minutos sobrantes en recuperaros de tal viaje astral y reflexionaréis qué os ha pasado. Y si no funciona, volvedlo a intentar…



Autor reseña: Pau Edo Ferrando.